viernes, 9 de diciembre de 2016

La Guerra Fria


La guerra fría se inició inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, entre 1946 y 1948, y finalizó en 1991, con la disolución de la URSS y del bloque económico y militar soviético. En este largo período hubo momentos en los que la tensión fue evidente, la guerra parecía inminente y la situación internacional era muy inestable, como entre 1948 y 1962 y entre 1975 y 1985. También hubo períodos de distensión, en los que no parecía existir peligro de guerra y la situación entre los dos bloques era lo bastante estable como para hablar de «coexistencia pacífica», por ejemplo, entre 1962 y 1975 ya partir de 1985. Un rasgo importante de la guerra fría fue el miedo colectivo a una guerra nuclear, que supondría la destrucción total de la civilización. El período de entreguerras se caracterizó por un temor constante al estallido de una nueva guerra; pero a partir de 1945 el miedo fue más allá: la capacidad tecnológica y científica de los ejércitos amenazaba con la aniquilación completa del género humano. La conciencia de que el inicio de una guerra entre Estados Unidos y la URSS podría desembocar en un suicidio colectivo contribuyó a evitar el enfrentamiento armado directo entre ambos países. La guerra fría fue la disputa ideológica que enfrentó después de 1945 a estados unidos y sus aliados, de un lado, y al grupo de naciones lideradas por la unión de repúblicas socialistas soviéticas (URSS), del otro. No se produjo un conflicto militar directo entre ambas superpotencias, pero surgieron intensas luchas económicas y diplomáticas. Los distintos intereses condujeron a una sospecha y hostilidad mutuas enmarcadas en una constante rivalidad. Estados Unidos y Rusia iniciaron sus enfrentamientos en 1917, cuando los revolucionarios tomaron el poder, creando la unión soviética, y declararon la guerra ideológica a las naciones capitalistas de occidente. Estados Unidos intervino en la guerra civil rusa enviando unos 10.000 soldados entre 1918 y 1920 y después se negó reconocer el nuevo estado hasta 1933. Los dos países lucharon juntos contra Alemania durante la segunda guerra mundial, pero esta alianza comenzó a disolverse en los años 1944 y 1945, cuando el líder ruso Joseph Stalin, buscando la seguridad soviética, utilizó al ejército rojo para controlar gran parte de la Europa oriental. El presidente estadounidense Harry S. Truman se opuso a la política de Stalin y trató de unificar Europa Occidental bajo el liderazgo estadounidense. La desconfianza aumentó cuando ambas partes rompieron los acuerdos establecidos durante la guerra mundial. Stalin no respetó el compromiso de realizar elecciones libres de Europa Oriental. Truman se negó a respetar sus promesas de envió de inmediaciones desde la Alemania derrotada para ayudar a la reconstrucción de la unión soviética, devastada por la guerra. Los soviéticos también se debilitaron cuando los dirigentes cuando los dirigentes chinos se separaron de Moscú y los europeos del este comenzaron a mostrar su descontento. El nacionalismo demostraba ser más fuerte que el comunismo. Mientras tanto, Estados Unidos  estaba luchando en la guerra  de Vietnam, sangrienta acción militar en un fallido esfuerzo por conservar Vietnam del sur. Además la seguridad económica de posguerra de estados unidos fue retada por Japón y Alemania occidental (república federal de Alemania). Hacia 1973 las superpotencias enfrentadas acordaron una política de distensión; fue un intento de detener la costosa carrera armamentista y frenar su competencia política, militar y económica en el tercer mundo. Sin embargo, la distensión duró hasta 1980, cuando tropas soviéticas invadieron Afganistán para salvar el régimen  marxista gobernante. El recién elegido presidente estadounidense Ronald Reagan inició una gran concentración de armas y nuevos retos para los grupos apoyados por los soviéticos en las naciones emergentes.

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